miércoles, 10 de octubre de 2012

De Holanda a Pirineos. 7 de octubre.

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Ruta en bici 1869582 - powered by Bikemap 

Cuando tienes muchas ganas de hacer algo, todo es posible. "Sólo" es necesario aplicar muchas dosis de ilusión y esforzarse sin caer en el desánimo. Ésto vale para muchas situaciones de la vida y también, claro está, para el deporte. Si no consigo dedicar unas horas semanales al deporte me influye negativamente en mi día a día. El domingo, tras atracón de barbacoa el sábado, con un pequeño esfuerzo de madrugar, salí a hacer bicicleta. Dos meses después toqué cuestas de verdad, pendientes pronunciadas y exigentes. Fue mi particular tránsito de lo plano a la pendiente, de Holanda a Pirineos.

De modo imprevisible fuimos dos en la ruta. A Yoni no lo esperaba, pero antes de terminar el sábado se unió. Salí a las 8h30 de casa y en 15 minutos ya estaba en el punto de encuentro con Yoni. La mañana nos obligó a llevar prenda de manga larga en la parte superior y corta para abajo. Un punto de frescor que rápido desapareció. Sin embargo la elección de ropa fue la correcta, ya que en bajadas nos cubrió muy bien de llevarnos un enfriamiento y en subidas no fue demasiado incómodo.

Cruzamos Alcalá para acercarnos hasta las rampas de subida a Los Santos. Dos meses es mucho tiempo sin probar las mieles de este ascenso. Nos dedicamos a subirlo sin demasiado ímpetu. Llevamos pegados a nuestra rueda trasera durante el segundo tramo de ascensión, un todo terreno de la policía. La verdad es que se comportaron muy bien ya que nos siguieron sin intención de adelantarnos. Eso habría sido algo incómodo porque aunque el ancho de la pista es suficiente para poder adelantar, el terreno no es todo lo bueno que se necesita, y eso provoca que hay que ir buscando de lado a lado el terreno más compactado.

Tomamos la cumbre con sudores pero con satisfacción. Tenemos mejores piernas de lo que nos pensamos y sufrimos porque no vamos al mejor ritmo, pero eso llegará con unas poquitas sesiones más.

Encaramos la bajada hasta Anchuelo, divertida y excitante. La tierra bien pisada nos permitió arriesgar para alcanzar velocidad. Llegamos al pueblo y recargamos líquido en la fuente. Decidimos que la mejor opción para ese día sería subir el puerto que lleva a Villalbilla. Hacía muchos meses que no lo probábamos y fue duro de verdad. Una primera rampa de apenas 50 metros dura y una segunda de unos 200-300 metros durísima, que además incluye un suelo algo removido, lo que dificulta muchísimo el equilibrio. Conseguimos alcanza la cima sin caernos, y nos dejamos bajar hasta Villalbilla a todo trapo.

En Villalbilla tomamos la carretera en dirección a Alcalá, apenas 300 metros, para salirnos por el camino que lleva hasta Los Hueros. Una pequeña rampita, nada exigente, y el resto todo en semi bajada. Fuimos como motos, a todo tren, con desarrollos grandes para alcanzar velocidades de más de 35 km/hora.
En Los Hueros, cruzamos el pueblo y alcanzamos la bajada de El Zulema, siempre increible. De ahí a Alcalá, transitar por el paseo del río Henares, y cruzar Alcalá hasta el Santo Tomás. Nos despedimos pensando ya en la próxima salida. Y en 10 minutos ya descansando en casa, limpieza de KTM a manguerazo limpio y todo el domingo para disfrutar de la vida y del clásico de fútbol.

Promedio pulsaciones: 128
Máximo pulsaciones: 178
Promedio calorías consumidas:707
Total calorías consumidas:1.092
Tiempo In Zone (150-182): 0h26

Datos de la ruta:

Recorrido: Meco - Alcalá - Los Santos de la Humosa - Anchuelo - Villalbilla - Los Hueros - Alcalá - Meco.
Distancia: 55,42 km.
Tiempo efectivo: 2h46'
Tiempo total: 08:30 - 11:40
Promedio: 19,95 km/hora.
Desnivel: 510 metros.
Terreno: pista-asfalto (80-20) %.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Viento de cara, viento de espalda. 23 de septiembre.


Ruta en bici 1406987 - powered by Bikemap 

Misma ruta de la semana pasada pero acompañado por Yoni. Amaneció un día espectacular, limpio de nubes, con una temperatura fantástica para hacer deporte al aire libre. Quedamos a las 9h30 en mi casa pero pasaban ya los minutos y Yoni no aparecía. Después de contactar con él vía chat, nos encontramos a mitad de camino entre ambas casas, y dando yo media vuelta comenzamos la ruta.

Atravesamos Meco y tomamos el camino hacia Valdeavero. Yo ya estaba algo rodado de la semana anterior, pero Yoni llevaba un mes en el dique seco y le ha costado acabar con los ritmos que acostumbra. A mitad de tramo, vimos a dos bikers que se dirigían en nuestra misma dirección y que nos adelantaban bastantes cientos de metros. Siempre que tengo esta oportunidad de fijar un objetivo voy a por ello... y hoy lo intenté y conseguí. Los cacé bastante ante de terminar el tramo de tierra, antes de llegar a la carretera del puerto de Valdeavero. Mis piernas iban solas y me encontraba fenomenal.

Bajé el puerto ya con Yoni pegado a mis espaldas y nos condujimos hacia Torrejón del Rey. Torcimos para tomar la N320 y camino a Quer, con un puerto tendido y luego un repecho a mitad de camino. Todo iba bien hasta ese momento, hasta el instante que dejamos la N320 para girar hacia Quer.

Sería la dirección, o el abrigo de las lomas...pero al torcer quedamos sin protección y nos dimos de cara contra el viento que hasta ese preciso instante no habíamos notado. Probablemente lo habíamos llevado todo el camino a favor y en esas circunstancias es muy complicado apreciarlo. Pero la realidad se antoja firme, y tarde o temprano hay que afrontarla, nunca mejor dicho en nuestro caso concreto de hoy.

Yo solo odio algo más que la lluvia encima de la bicicleta. Sí, es el viento, que hace sufrir y odiar hasta este deporte que tanto nos apasiona. Ha sido duro de verdad, porque ya apenas nos hemos quitado esa sensación de agotamiento que te golpea cuando el viento, que hoy era a cada rato mucho más intenso, no deja un momento de recuperación.

Desde el desvío hacia Quer era todo bajada, pero hoy ha sido como subir un puertecito largo. Las bicicletas se paraban y no había que dejar de pedalear para avanzar. Bajar hasta Alovera y parar para reponer sólido y líquido ha sido una urgencia.



Cinco minutos de reflexión y a la carga que aún nos quedaba la mitad del recorrido. Como ya he dicho, ha sido un sufrimiento continuo, no pudiendo disfrutar del llano en asfalto que otras veces nos encanta. Atravesamos Azuqueca y por el camino de tierra a Meco, pero girar a derechas y subir por otro camino hacia Villanueva. Por estos tramos de tierra, tanto viento hacía ya que se levantaban cortinas de tierra que apenas nos permitían ver metros más allá nuestro. Hemos llegado a Villanueva y allí hemos coincidido con un grupo grande de bikers de carretera. ¡Qué fenómenos! Hemos intentado no perderles de vista y con mucho sufrimiento lo hemos conseguido. Ya, otra vez en la parte alta del puerto de Valdeavero, ellos han continuado de frente y nosotros hemos tomado el camino de tierra de vuelta a Meco.

Yo hoy lo he pasado a ratos bien a ratos mal por el sufrido viento, pero creo que ha merecido la pena. No sé si mi compañero pensará lo mismo ya que llevaba el sufrimiento reflejado en el rostro durante la segunda parte de la ruta... De todo se aprende, incluso de los días menos favorables.

Promedio pulsaciones: 126
Máximo pulsaciones: 174
Promedio calorías consumidas: 697
Total calorías consumidas: 2.038
Tiempo In Zone (150-182): 0h23

Datos de la ruta:

Recorrido: Meco - Valdeavero - Torrejón del Rey - Quer - Alovera - Azuqueca - Meco - Villanueva - Valdeavero - Meco.
Distancia: 58,54 km.
Tiempo efectivo: 2h54'
Tiempo total: 09:45 - 12:45
Promedio: 20,22 km/hora.
Desnivel: 400 metros.
Terreno: pista-asfalto (25-75) %.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El retorno. 16 de septiembre.


Ruta en bici 1406987 - powered by Bikemap 

Han sido muchos días sin disfrutar del pedaleo encima de mi KTM. ¡No aguantaba más! Dicen que los amores más reñidos son los más queridos...pues en mi caso solo me peleo con ella (con la bici, la KTM, quede claro...) cuando me toca subir(la) a lo más alto de los puertos de montaña.

No quiero ni contar los días que han pasado desde ese 5 de agosto, último contacto con la bicicleta, en el que ya intuía que tocaba el descanso estival. Hoy he realizado una salida en solitario, y como toma de contacto qué mejor que una etapa de distancia corta-media y de perfil suave. Elegí la circular tantas veces ya realizada por las cercanías de casa que me lleva a pasar principalmente por Torrejón del Rey, Azuqueca y Villanueva.

Las 8h00 era la hora pensada para levantarme pero al final, la falta de costumbre me ha llevado a trasladarla una hora más. A las 9h30 ya estaba encima de la bici y comenzaba mi día de retorno a la actividad. He acusado bastante la falta de rodaje, especialmente en los primeros 20 kilómetros, luego el cuerpo a "recordado" qué estaba haciendo y ya empapado en sudor he comenzado a forzar un poquito y a responder adecuadamente mi cuerpo.

El primer tramo de subida en tierra hasta Valdeavero ha sido sufrido. He llevado al alcance de la vista durante varios kilómetros a un grupo de bikers a los que he dado caza a falta de 2km para alcanzar la carretera. Los he pasado a mi ritmo, mientras ellos iban a tran tran...pero al poco he visto que me han alcanzado y pasado. Uno de ellos me ha confesado entre agónicos gestos de falta de aire que se habían picado, no sé todavía si entre ellos o conmigo...Lo cierto es que yo ni me dí cuenta de la jugada, y de haberlo hecho ni me habría excedido un poquito, ya que bastante tenía yo hoy con llegar enterito a casa.

Bajé el puerto que lleva a Valdeavero, ya por carretera, y enlazando pueblos pasé por Torrejón del Rey para comenzar el tramo de nacional hasta el desvío a Quer. Aquí el sube y baja me hizo un poco de pupa en las piernas, pero en general fue un dolo asumible y esperado. Bajada hasta Quer, continuando bajada hasta Alovera.

En estas bajadas noté que al pasar de los 30 km/h la rueda delantera vibraba algo dando pequeños golpes en el manillar. Creo que es cosa de un pinchazo que tuve la última vez que subí a la bici y que no he dejado del todo fina la rueda en su fijación. Lo miraré para la próxima salida.

En Alovera, tramo entre pueblos todo llano y sin tráfico para alcanzar Azuqueca y por el camino de tierra llegar a Meco, y sin echar pie a tierra, desviarme a la derecha por otro camino que me lleva a Villanueva. Alcancé el pueblo, lo atravesé y de nuevo por asfalto llegué hasta la parte alta del puerto de Valdeavero. Torcer a izquierdas y bajar por tierra hasta Meco ya ha sido un paseo.

Muy buenas sensaciones para ser el primer día después de mucho descanso. Hay que habituar a las piernas y al resto del cuerpo a hacer esfuerzos más grandes y con más intensidad. El tiempo obrará.


Promedio pulsaciones: 134
Máximo pulsaciones: 173
Promedio calorías consumidas:759
Total calorías consumidas:1.054
Tiempo In Zone (150-182): 0h22

Datos de la ruta:


Recorrido: Meco - Valdeavero - Torrejón del Rey - Quer - Alovera - Azuqueca - Meco - Villanueva - Valdeavero - Meco.
Distancia: 53,23 km.
Tiempo efectivo: 2h14'
Tiempo total: 09:30 - 11:25
Promedio: 23,80 km/hora.
Desnivel: 400 metros.
Terreno: pista-asfalto (25-75) %.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Rutus interruptus. 5 de agosto.


Ruta en bici 1759649 - powered by Bikemap 

¿Cómo ir de turismo a Albacete después de visitar Nueva York? Es lo que pensé este fin de semana al salir con la bici a hacer kilómetros por nuestra zona. Degustar las maravillas de la sierra de Madrid, el aroma a alta montaña y el plus de dureza a que obligan los enormes puertos de la cordillera, hace pensar que hay una enorme diferencia entre todo eso y el entorno que me rodea, que siendo una maravilla no es una excelencia. ¡Que no se me enfaden los de Albacete...que es una simple simbología!

Aun sabiendo que imposible de igualar las etapas, trazamos una magnífica de 90 km que nos llevaba a pasar por Pezuela de las Torres, un pueblo próximo a Alcalá pero que por uno u otro motivo aún no hemos marcado en nuestra lista de visitados en nuestras rutas. Teníamos eso sí la seguridad de la dureza del recorrido y la restricción temporal: debíamos estar recogidos en casa hacia las 12h00. Difícil compromiso aunque pensamos que podríamos cumplirlo.

Así, marcamos las 8h00 en casa de Yoni para comenzar la ruta. Esta vez llegué sin demasiado retraso, solo 10 minutos, teniendo en cuenta que apenas había podido dormir 5 horas (los veranos son estupendos, pero no precisamente para irse a la cama a una hora temprana). Alcancé la casa de Yoni por el camino de tierra y al momento bajó el compañero, también bastante castigado con las pocas horas de sueño y sin haberse embadurnado de crema solar. Le insté a que subiera y se emponzoñara bien, que es mejor dedicar 5 minutos a prevenir que luego varios días a curar las quemaduras del sol.

Partimos hacia nuestro destino inicial, Los Santos de la Humosa, atravesando Alcalá y acercándonos al río Henares para pasarlo por el pequeño puente. Ya avisé a Yoni que en esta ocasión, en las subidas, tenía la intención de probarme, de apurar al máximo mis pulmones y mis latidos. En esta ocasión teníamos delante el puerto hacia Los Santos, con sus dos puntos claves: el primer cuestón de no más de 500 metros y luego una rampa larga de más de kilómetro y medio. La primera la hicimos casi a la par, yo algo más adelantado, a buen ritmo. Arriba esperé a Yoni y continuamos en el falso llano ascendente hasta la bajada a derechas para luego comenzar la segunda rampa. Ahí adelanté al compi y la animé a seguirme la rueda, que siempre ayuda. Él me miró y me hizo con la mano la señal de seguir mi camino que él haría el suyo. Apuré todo lo que pude, apreté los dientes, apreté todo mi cuerpo ajustado a la bicicleta para sacarle cualquier metro posible al recorrido. Fue duro pero enriquecedor, porque lo que más cuesta más se aprecia. Yoni me siguió todo el camino a unos 100 metros de distancia y no dejó que esa separación se agrandara. ¡Bravo por el compi, que sin ser su fuerte ha mejorado una barbaridad! Después de la rampa mortal de mitad de puerto, ya la pendiente suaviza, aunque yo seguí apretando todo lo posible. Finalizamos el tramo de tierra y enlazamos el asfalto para seguir subiendo en sendas rampas a derechas e izquierdas hasta llegar lo más alto posible, ya enlazando el camino de tierra hacia Anchuelo.

Arriba nos reagrupamos, y sin descanso alguno iniciamos la bajada alocada que siempre hacemos y disfrutamos hacia Anchuelo. La tierra estaba de maravilla esta vez para apretar y forzar la máquina. Llegamos en un momento al siguiente punto "caliente" de la jornada: la subida a las antenas de Anchuelo. Cruzamos el pueblo, ya muy despacio, porque está casi todo en pendiente, y dejando el pueblo atrás, visualizamos la rampa que yo creo es más dura de todo el entorno. Rampa de 1 km de una dureza tremenda en sus primeros 300 metros. Pusimos la combinación más adecuada de plato+piñón y a pedalear, cuando un biker nos pasó por la derecha, sufriendo, agarrándose al manillar, moviendo su cuerpo arriba y abajo para conseguir vencer a la pendiente. Yo no lo pensé ni un instante y me pegué a su rueda. Mentalmente me ayudó a subir a su ritmo y físicamente me sentí capacitado. Subimos rápido, tanto como mis latidos se incrementaron con increíble rapidez. Yoni, de nuevo se quedó un poquito rezagado, pero apenas 50 metros. Vamos, que eso y nada es lo mismo, para quien haya experimentado esa subida. Arriba, y sin parar, encaramos el llano hacia Santorcaz.

El tramo nos vino de maravilla para volver a soltar las piernas y oxigenar nuestros pulmones y músculos. Llevamos al pueblo y buscamos cruzarlo para hacer una parada ya en el comienzo del siguiente tramo. Tomamos líquido y unas barritas de chocolate y cereales que nos dieron la vida. Acumulábamos 29 km con la única parada de la casa de Yoni, con dos subidas duras y que nosotros hicimos además muy intensas. Era necesario un parón de 5 minutos para recuperar y decidir qué hacer, si seguir con el plan previsto de ir a Pezuela, Loranca, Pioz y volver a Santorcaz, o decidir una ruta alternativa. El tiempo nos comía sabiendo que a las 12h debíamos estar recogidos. Optamos por volver sobre nuestros pasos y llegar a Villalbilla, decidiendo allí de nuevo el siguiente punto en función de los plazos de tiempo.

Sin perder tiempo, volvimos por el tramo llano y alcanzamos de nuevo las antenas de Anchuelo. Las dejamos a un lado, junto a un grupo grande de bikers, todos idénticos en su vestimenta. Bajamos el puerto de Villalbilla, que en otras ocasiones lo hemos encontrado muy compactado, en esta ocasión muy removido y peligroso. No lo disfrutamos como queríamos, solo nos dejamos llevar hasta el pueblo. Allí decidimos que había tiempo suficiente para subir el puerto de Valverde hasta casi su cumbre para tomar a derechas el camino que enlaza con Los Hueros, y desde allí ya bajar por El Zulema que nos deja en Alcalá.

Comenzamos la subida del 10% y kilómetro y medio. Asfalto de maravilla y sin nada de tráfico. Otra vez apretamos los dientes y forzando al máximo me separé algo de Yoni. Buenas sensaciones en el asfalto, que cambiaron a dureza tremenda en el enlace a la tierra. El tramito de tierra que une al asfalto, con una rampa de 200 metros es durísima. Pensé que echaría el pie a tierra, porque por más pedales de daba no terminaba la pendiente. Conseguí vencer al dolor y a mi cabeza que me pedía parar. Arriba Yoni me contó que él pensó lo mismo, que no podría, pero lo conseguimos. Ya habíamos hecho lo más duro de la jornada. Nos tocaba disfrutar de dos bajadas tremendas. Alcanzamos la urbanización que hay arriba de Los Hueros y nos tiramos por el asfalto hacia el pueblo. La bajada es tremenda donde alcancé los 60 km/h con una sensación de velocidad increible. Varias curvas a izquierdas y derechas da más realismo al viento en la cara. Abajo del puerto, cruzamos las urbanizaciones nuevas y llegamos hasta El Zulema para hacer lo mismo que antes. Bajada alocada, con dos curvas locas locas y divertidísimas.

Tocaba bajar el ritmo cardíaco y cruzar Alcalá para llegar a las casas. Yoni me acompañó hasta el colegio Santo Tomás donde nos echamos las fotos del día y nos despedimos hasta no sabemos cuándo, ya que las vacaciones nos separarán por unos pocos días.




Dejamos pendiente para otra ocasión la ruta que teníamos en mente para el día. Un conocido me decía hace mucho tiempo que había más días que melones...y eso es toda una obviedad. Volveremos en un día con más plazo de tiempo y recorreremos esos tramos aún sin explorar. Mientras tanto, tenemos agosto de por medio, un mes que al final ofrece poco al biker, porque tiende a estar en cualquier sitio menos en el habitual, el de reunión con los amigos para pedalear. Volveremos lo antes posible, en grupo o en solitario.

Promedio pulsaciones: 123
Máximo pulsaciones: 167
Promedio calorías consumidas: 672
Total calorías consumidas:1.007
Tiempo In Zone (150-182): 0h21

Datos de la ruta:

Recorrido: Meco - Alcalá de Henares - Los Santos de la Humosa - Anchuelo - Santorcaz - Anchuelo - Villalbilla - Los Hueros - El Zulema - Alcalá de Henares - Meco.
Distancia: 65,41 km.
Tiempo efectivo: 3h27'
Tiempo total:  5h55' (8h05' - 12h00')
Promedio: 18,96 km/hora.
Desnivel: 620 metros.
Terreno: pista-asfalto (75-25) %.

domingo, 29 de julio de 2012

Tocando el cielo de Madrid. 28 de julio.


Ruta en bici 1738918 - powered by Bikemap 

Han pasado ya dos años y tres meses y ha vuelto sorprenderme. En realidad hay mil formas de afrontar un día de alta montaña, mil caminos por los que transitar, mil situaciones a las que enfrentarse. Gracias a todo esto es por lo que merece la pena madrugar y darlo todo por un día especial.

Desde hacía una semana nuestras esperanzas estaban puestas en hacer La Pedriza y llegar hasta uno de los puntos más altos de la sierra madrileña: el Prado la Nava a 2.000 metros de altitud. Marcamos una hora tempranísima, las 7h15 que yo no pude cumplir. La noche anterior la cerré a la 1h de la madrugada y quedaba por montar la baca y los raíles para transportar las KTM. Y luego el desplazamiento en coche hasta nuestro punto de partida, el castillo de Manzanares el Real. Mi retraso fue de 45 minutos, bien soportado por mi compañero Yoni.

En Manzanares comenzamos nuestro asalto a las cumbres a las 9h40, bastante más tarde de lo previsto pero con la sensación de que nuestras piernas harían lo suficiente como para recuperar gran parte del tiempo perdido. ¡Qué ingenuidad!

Atravesamos el pueblo y la zona de chalecitos más próxima a la entrada al parque protegido de La Pedriza y comenzamos nuestra aventura por entre los pinares, por el tramo inicial asfaltado de pocos kilómetros, con un primer escalón de subida que anima a las piernas para todo lo que espera hacia adelante. Una bajada arriesgada conduce hasta el último de los parkings hasta donde pueden llegar los vehículos a motor, y allí otra valla ya delimita la zona absolutamente natural de la mixta. Paramos un momento para que Yoni pudiera echar algo de tierra a los discos de su KTM para que así ayudara a la frenada. Está quedándose sin pastillas de freno y no era el día más adecuado para arriesgar en las largas e intensas bajadas.






Hacía algo más de dos años de mi última y primera visita a este enorme lugar. En aquella ocasión nos juntamos hasta 6 amigos para disfrutar de la bicicleta, el entorno y la compañía, e hicimos la ruta en sentido contrario a las agujas del reloj, subiendo por las famosísimas zetas. Esta vez queríamos probar el sentido contrario. Yoni ya las había disfrutado en otras ocasiones y me aseguraba que era distinta pero igualmente increíble hacerlo de izquierdas a derechas. Y así fue, una maravilla.

A la llegada a la última valla accedimos hacia la izquierda en la bifurcación, y tomamos una cuesta asfaltada pero muy rota, más cuando más ascendía. Entorno ya maravilloso, con cientos de árboles de altura espectacular, con espeso follaje y olores que hacían sentir lo maravilloso de la madre tierra.

Subiendo por este tramo tuvimos nuestro primer encuentro con unos toros que estaban apostados en mitad de nuestro camino y que a su ritmo calmado de vida estaban bebiendo agua de un caño. Entendimos por su aspecto y su actitud que eran del todo "mansos", pero su tamaño y sus cuernos no diferían mucho de los "bravos". ¿Qué hacer? Esperar, claro. En esas estábamos cuando llegó a nosotros otro biker, que nos imitó. Pero la calma de los "mansos" era tal que decidimos emplear nuestra mejor arma: la inteligencia. Tomamos la bicicleta para subirla hacia la pendiente, fuera del camino, y así poder bordear la parte en la que los toros se encontraban bebiendo. Lo hicimos, y los animales nos miraban como si pensaran que hubiera sido más sencillo pasar por el camino... Mejor no arriesgar pensamos todos, porque un pequeño movimiento de esos bichos podría habernos hecho caer al suelo y nunca se sabe de las consecuencias posteriores.

Tuvimos al menos cinco encuentros más con otros grupos de toros pero ya no tan extremo, con tanto bloqueo. Pasando a 3-4 metros a su lado pero en velocidad, ellos ni se asustaban y nos asustaban. Continuamos camino y ascenso, dando con el fin del asfalto y el comienzo de la pista. Todo en subida, sin pendientes extremas hasta que nuestro cuentakilómetros marcaba los 14. Ahí yo comencé a notar que algo en la pendiente cambiaba. Siempre fuimos a ritmo, sabiendo las distancias que tendríamos que soportar. En realidad, de los primeros 32 km hicimos 25 de subida, todos enlazados a excepción de unos 5 intermedios entre el Collado de los Pastores y el inicio de la subida al Prado la Nava.

El tramo que nos restaba hasta el mirador del Collado de los Pastores se nos hizo duro y largo, pero precioso por las panorámicas que ofrece el terreno, la altura que habíamos logrado alcanzar que nos permitía visualizar el camino por el que habíamos transitado, tan abajo, allí en las profundidades. ¡Realmente increíble!

17 km de recorrido y llegamos al mirador, obligada parada para todos. Pudimos disfrutar del paisaje, del aire que nos recuperó, de líquido y sólido, y de un grupo de bikers que estaba compuesto por padres e hijos, los niños de no más de 7 años. Yo me quedé impactado por esto, ya que llevar a unos niños hasta ese nivel de esfuerzo me pareció excesivo. Aunque es cierto que los enanos no aparentaban cansancio alguno...






Cinco minutos de recuperación y nos pusimos de nuevo sobre nuestras bicicletas. El siguiente tramo, de unos 5 km, nos permitió recuperar el oxígeno y la musculatura del esfuerzo de la larga y prolongada subida. Tocaba bajar unos cientos de metros que más tarde, subiendo a La Nava, deberíamos compensar. Divertido este tramo, donde alcanzamos velocidad y en el que pudimos tomar las curvas con energía.

Sin tiempo para parar, comenzamos la subida a La Nava. El recuerdo de la última vez allí no es muy grato. A mitad de recorrido encontramos nieve helada lo que me llevó a caerme hasta en tres ocasiones y tener que volver sobre nuestros pasos. Tenía claro esta vez que muy mal tendría que estar yo para abandonar y no cumplir con tocar el cielo de Madrid.

La montaña sin embargo marca sus reglas y ni tan siquiera en un día de verano y tranquilo se puede asegurar nada. Lo primero es que la subida a La Nava es de 6 km, todos, absolutamente todos en ascenso ininterrumpido, con un terreno horrible, muy bacheado, muy pedregoso, muy removido en muchas partes. Quien consiga subir hasta la cumbre puede decir con seguridad que nadie le ha regalado esa ascensión. Es increiblemente dura, por los kilómetros acumulados y por la altura de 2.000 metros. Hasta en dos ocasiones pensé en echar el pie a tierra y abandonar, volver sobre mis pasos. Las pulsaciones de mi corazón se habían situado de forma constante en los 174 latidos por minuto, cuando en mí eso no es nada habitual. Estaba llevando al límite a mi cuerpo y a mi mente. Creíamos que sería más suave y corta, y a ambos se nos hizo eterna. El frío (sí, he dicho frío) entró en nuestros huesos según ascendíamos. Es julio pero la montaña no entiende de veranos ni de inviernos. En pleno julio, con temperaturas de 35º, en la sierra siguen existiendo regeros de agua limpia que manan por cualquier rincón. A pesar del dolor de la ascensión, del sufrimiento vivido, me sentí afortunado de poder ver todo el entorno y de sentirme parte de él.

Conseguimos nuestro objetivo después de 40 minutos de ascensión para cubrir el empalme hasta La Nava. Arriba tres amigos se divertían y un cuarto biker que nos seguía también se paró a disfrutar de lo conseguido.





Tomamos sólido y líquido, y tras varios intentos imposibles de contactar por teléfono con la familia (no hay ningún tipo de cobertura para móviles a esa altura) iniciamos el descenso. Si dura fue la subida, la bajada no lo fue menos y además muy arriesgada. Los tres amigos que encontramos arriba, resulta que eran tres frikis del pedal en modo descenso. Yo los llevé pegados a mi culo en los dos primeros kilómetros, imposible de pasarme porque en la mayoría del recorrido solo hay un único carril para transitar. Sin embargo, el primero del grupo nos adelantó a los dos en una curva, saliéndose de todo camino, y sus amigos le siguieron al momento. Vaya flipados hay por la vida...

Llegamos al pie del inicio a la subida a La Nava, y sin parada, nos dirigimos hacia las zetas para descenderlas. Subidón de adrenalina, emocionante y mil cosas más se puede decir de este descenso, en el que si no tienes frenos mejor rezarse varios padres nuestros. Se alcanzan velocidades de cuidado con curvas muy inclinadas, muy rajadas y con tierra muy removida. Según bajamos, la temperatura nos hizo recordar que nos encontrábamos en verano, el mercurio subía.

Recorrimos todo el tramo de zetas y acabamos en la vereda del río Manzanares, pero en altura. Desde allí se podía ver mucha gente en las enormes piedras de la zona, tumbados al sol recibiendo sus rayos y bañándose. Paradisiaco. Conseguimos cubrir el tramo hasta el último parking y tras solventar el puertecito intermedio alcanzamos nuestro coche. Eran las 14h15, mucho más tarde de lo que estimamos al principio, pero es que la alta montaña manda con mano de hierro, siendo nosotros unos pequeños títeres en sus manos. Montamos las bicis y camino a casa.

Espectacular el día, maravilloso y adictivo. Es un lujo poder contar con este increíble paisaje a 45 minutos de casa y vivir sensaciones que hacen dar gracias de estar vivo. Repetiré mil y una veces este recorrido, para no olvidarme de que merece la pena el esfuerzo por ver Madrid desde el cielo.

Promedio pulsaciones: 142
Máximo pulsaciones: 176
Promedio calorías consumidas:811
Total calorías consumidas:1.077
Tiempo In Zone (150-182): 1h44

Datos de la ruta:

Recorrido: Manzanares el Real - La Pedriza - Prado la Nava - La Pedriza - Manzanares el Real.
Distancia: 54,84 km.
Tiempo efectivo: 3h50'
Tiempo total:  4h35' (9h40' - 14h15')
Promedio: 14,35 km/hora.
Desnivel: 1.410 metros.
Terreno: pista-asfalto (90-10) %.

domingo, 15 de julio de 2012

Rumbo a lo desconocido. 15 de julio.


Ruta en bici 1704342 - powered by Bikemap 

Puede que algo condicionado por el devenir de los acontecimientos en el país, algo aturdido por tanta prima de riesgo, presupuestos agotados, políticos corruptos, y un cada vez más pueblo llano llanísimo, entendí que había que aventurarse a hacer algo diferente, buscar caminos inexplorados, echarle un pulso al valor a ver quien ganaba. Me planté delante de los mapas de Google y tracé una locura resumida en 92 km con un desnivel de casi 1.000 metros y todo sobre tierra. Hablé con mi compañero de rutas Yoni y quedamos en hacer lo que se pudiera, comenzando a las 8h15 en Alcalá.

Por una vez en todo el verano conseguí cumplir mis compromisos en forma de horario y saliendo a las 8h05 de casa, alcancé el punto de encuentro con Yoni a las 8h20. Amaneció un día fabuloso, algo fresquito y con una ligera brisa. El frescor se fue difuminando rápidamente pero la brisa nos acompañó en todo el recorrido por tramos de tiempo.

Yoni sigue sin sacar el tiempo necesario para poner su bicicleta a punto, y a la suciedad que arrastra después de algunas salidas, ya incorpora algunos desajustes en las zonas sensibles lo que lleva a incorporar música de fondo mientra circula. Yo la limpié ayer... solo por veguenza torera, y la verdad es que se agradece salir de casa como un niño con zapatos nuevos, aunque cierto es que toda esa limpieza dura poco y nada.

Hablamos Yoni y yo que iniciaríamos la ruta y en función de las fuerzas haríamos toda o la acortábamos. Comenzamos con cruzar Alcalá en dirección a El Zulema. Tras pasar por la pasarela de madera sobre el Henares, tuvimos que socorrer a un biker que estaba más perdido que un saltamontes en el mar. No conocía la zona y había quedado en el parque natural. Le acompañamos un tramo y volvimos a lo nuestro que era subir por el puerto viejo. Como siempre, admiramos las rampas que ofrece este puerto duro y el paisaje que se dibuja de Alcalá casi nada más comenzar la ascensión. Sabiendo que el día sería duro marcamos un ritmo de recorrido largo, nada de exhibiciones.

Arriba, ya en la urbanización, alcanzamos las urbanizaciones de Los Hueros, las atravesamos y nos dirigimos hacia el camino de tierra que une Los Hueros con Villalvilla. Picando ligeramente hacia arriba pero con buen firme, íbamos acercándonos hacia nuestro destino. Encontramos varios grupos de bikers en la zona de Los Hueros, todos con bicicletas que quitan el hipo y también la sonrisa a quienes las hayan tenido que pagar a plazos.

En Villalvilla tomamos la carretera que dirige a Valverede. Subidon al 10% de un par de kilómetros. A ritmo conseguimos hacer cima y después subidón de adrenalina al bajar por la otra cara del puerto, donde se enlazan varias curvas en ese donde alcancé los 60 km/h. De verdad que es una pasada esa bajada.

Alcanzamos Valverde y tomamos el tramo de tierra que une este pueblo con Pozuelo del Rey. Éste ya es el último tramo conocido por el que hemos transitado en dos ocasiones más. Fabuloso el firme, el mejor de toda la zona de Alcalá. Y el perfil, comenzando con un puerto duro de unos dos kilómetros, luego serpentea arriba y abajo pero ya de forma más suave, disfrutándose encima de la bicicleta.

Llegamos a Pozuelo y ahí ya comenzaba lo inexplorado, lo nuevo para nosotros. No saber hacia dónde te diriges supone una motivación extra, estar más despierto de lo habitual. Hicimos la parada para reponer sólido y algo de líquido en un caño de agua que hay junto a un parque. Empleamos el tiempo justo para no alargar mucho la jornada.

Tomamos un camino estrecho y por tramos pedregoso que hacía recordar ligeramente el firme que hay en la conocida Cercegovia, con rocas adheridas en el suelo obligando al biker a saltar y a extremar la seguridad. Aún con ese pequeño aliciente, ha sido un tramo divertido, con algunas zonas de mucha vegetación lo que nos obligaba a agacharnos casi a la altura del manillar para evitar los golpes de las ramas. En general, el perfil en este segmento ha sido favorable, ligeramente en caida hacia Campo Real.

Comenzamos a utilizar el GPS para orientarnos ya en Campo Real para alcanzar el camino que enlaza con Loeches. Dimos con él rápidamente, y nada más comenzar nos encontramos con un grupo de unos 10 bikers todo igualmente uniformados y con unas bicicletas de aupa. Primero una subida no muy larga y al final no muy exigente, y un poco más adelante una bifurcación donde estaba el grupo decidiendo si derecha o izquierda. Yo había estudiado el terreno y les dije que izquiera, y allí que fuimos todos, ellos un poco más adelantados a nosotros. La sorpresa del día vendría a partir de ese instante. Encontramos un perfil en bajada tremendamente accidentado. ¡Qué pena no haber fotografiado el lugar! Había piedras de un tamaño que hacía imposible descender encima de la bicicleta sin sufrir de pánico, con además un barranco a mano derecha (aunque estaba vallado, es cierto). La inclinación del terreno más la acumulación de tanta piedra y de tanto tamaño nos obligó a echar pie a tierra. Yoni, al final acabó subiéndose de nuevo y bajando con muchas precauciones, y yo descendí unos metros a pie hasta que mejoró la situación. Más adelante encontramos menos piedra pero nos sorprendió lo irregular del terreno con grandes cortes que obligaban a ir de izquierdas a derechas del camino, utilizando el peralte natural del terreno para no caerse. En fin, resultado de un tramo superdivertido y superpeligroso en cantidades iguales.

Después de 6 kilómetros casi todos de descenso arriesgado, alcanzamos Loeches. Pero dimos a un punto en el que estábamos desorientados. Otra vez el GPS nos ayudó a salir de allí hacia Torres de la Alameda. 5 kilómetros de terreno más benévolo, con alguna subida pero de poco interés nos permitió alcanzar el pueblo de destino. Otra vez el GPS salió en nuestra defensa y pudimos, tras cruzar en diagonal Torres, alcanzar el tramo de tierra que le une a Valverde. Este tramo sí le conocemos, por haber pasado por allí ya en varias ocasiones. En su tramo intermedio hay un pinar a un lado y un circuito de motocross. Bastante llano y de buen firme pudimos llegar ya con cansancio a Valverde donde hicimo parada para reponer energías. El sol calentaba a 32º y nos agotaba.



Nos esperaba la subida del día. Esa que bajamos antes con un subidón de adrenalina, ahora estaba por delante de nosotros y en forma ascendente. Comenzamos y terminamos a ritmo, sin probarnos demasiado. Ya acumulábamos 50 kilómetros en nuestras piernas y cualquier inclinación en contra nos sentaba a cuerno quemado. La brisa ayudó a soportar el calor y el esfuerzo de la ascensión. En la cima nos dejamos caer hacia la vertiente de Villalbilla, disfrutando de la velocidad.

Abajo tomamos el mismo camino que utilizamos en la ida, es decir, camino de tierra hacia Los Hueros y bajada de asfalto por El Zulema. Atravesamos Alcalá y nos pusimos en casa en un ratito.

Jornada de las serias, con un poquito de todo. Calor, muchos kilómetros, puertos exigentes, sorpresas, y pueblos nuevos incorporados a los conocidos por estos bikers. A ver si, como todos hemos cantado semanas atrás, no hay dos sin tres, y la próxima semana hacemos otra salida disfrutando de la bicicletas, del entorno y de la buena compañía.

Promedio pulsaciones: 116
Máximo pulsaciones: 160
Promedio calorías consumidas: 619
Total calorías consumidas:1.247
Tiempo In Zone (150-182): 0h19

Datos de la ruta:

Recorrido: Meco - Alcalá de Henares - El Zulema - Los Hueros - Villalbilla - Valverde de Alcalá - Pozuelo del Rey - Campo Real - Loeches - Torres de la Alameda - Valverde de Alcalá - Villalbilla - Los Hueros - El Zulema - Alcalá de Henares - Meco.
Distancia: 84,49 km.
Tiempo efectivo: 4h27'
Tiempo total:  5h15' (8h05' - 13h20')
Promedio: 19,00 km/hora.
Desnivel: 750 metros.
Terreno: pista-asfalto (85-15) %.

lunes, 9 de julio de 2012

La vida puede ser maravillosa. 8 de julio.


Ruta en bici 1692432 - powered by Bikemap 

Lo decía el controvertido, amado y detestado Andrés Montes en una de sus frases míticas: "Porque la vida puede ser maravillosa". Cuánta razón y sabiduría acumulan ciertas frases que resumen toda una filosofía de vida. Saber enfrentarse a ella y sacarle todo el jugo, saber valorar las cosas importantes y dejar a un lado las que tienen (o no) solución. En resumen, se trata de VIVIR (sí, con mayúsculas).

Yo necesitaba recuperar sensaciones de esas a las que se refería el comentarista. Y volver a la rutina de mis deportes y mis alegrías. Así, nada mejor que comenzar con las rutas en bicicleta los fines de semana e ir incorporando el resto de hábitos que me hacen sentir tan bien.

Prefiero los sábados para hacer las salidas, porque así se facilita la recuperación en domingo, pero no siempre se puede ya que las obligaciones mandan. De este modo, fijamos Yoni y yo el domingo a las 8h30 como salida oficial. A primera hora recibí un mensaje de mi compañero en el que me decía que el pedal automático que llevaba dando problemas desde hacía meses había muerto definitivamente. Teníamos entonces que acercarnos a casa de sus padres a por uno de repuesto, siempre y cuando el "muerto" viviera lo suficiente. Me puse en marcha a las 8h30 con el retraso de siempre de los 15 minutos. Alcancé Alcalá por el camino de tierra y en poco más de un cuarto de hora ya estábamos juntos para comenzar la jornada.

Bajamos hasta casa de los padres de Yoni con mucho cuidado para no forzar el pedal averiado, y lo hicimos bien, porque pudimos llegar y cambiarlo. Ahí decidimos que ya era el momento adecuado para volver a disfrutar y sufrir la subida a El Viso por los pinares. Cruzamos Alcalá hasta llegar al río Henares y, pasando por la nueva pasarela de madera, alcanzar la subida a El Zulema.

Hicimos la subida con sudores, que a pesar de ser pronto el sol de julio hace mucho daño desde primeras horas. Lo hicimos juntos, como el resto de subidas del día. La inactividad pasa factura a los dos, y a mí en especial el calor. Sin demora en el alto nos dirigimos hacia nuestro destino preferencial: El Viso. Tomamos la carretera que sube hacia el alto pero nos desviamos a la izquierda para bordearlo y subir por la zona de pinos. Antes de hacer la subida, comenté a Yoni que debíamos hacer una incursión en Torrejón para conocer ese empalme para futuras rutas por esa zona. Nos adentramos en un tramo muy pedregoso e irregular, pero de igual modo muy concurrido por ciclistas de Torrejón que suben hacia los pueblos del entorno a Torres de la Alameda. Llegamos a la zona nueva de Torrejón, aún a medio construir, conocida como El Soto.

Volvimos sobre nuestros pasos, o mejor dicho, sobre nuestras marcas de las ruedas para esta vez sí, encarar la subida preciosa a El Viso. El recorrido de subida siempre está peligroso, mucho más si se hace hacia abajo, y el domingo encontramos unas rajas profundas y anchas al principio de la subida, además de tierra muy removida en algunas zetas que hacían complicadísimo el pedaleo, ya de por sí dificultoso por la pendiente. Conseguimos alcanzar la cima y sin parar bajamos por la zona asfaltada para bajar todo El Zulema de nuevo y llegar al Parque Natural donde hay una fuente de agua fresca. Allí Yoni rellenó su bidón, mientras llegaba un grupo grande de bikers también a reponer bidones.



Nosotros comenzamos la segunda parte de nuestra ruta. Tomamos camino por la ruta amarilla del parque subiendo en dirección a Anchuelo. Duras las subidas y peligrosas por lo removido del terreno. En un punto del recorrido, Yoni se fue "a la zona sucia", fuera del carril compactado. Demasiada piedra y grava suelta, además de estar en pendiente, le obligó a echar el pie a tierra. Mejor eso que irse al suelo y tener consecuencias. Recuperó bien puesto que yo solo tuve que esperar unos segundo tras pasar la puerta de acceso al parque.

Continuamos nuestro recorrido en dirección a Anchuelo, a través de la solana que nos estaba consumiendo. Ya marcaban cerca de las 12h00 y el sol ajusticiaba a todo ser viviente. Con crema solar por todas las zonas y abundante agua pudimos contrarrestar los rayos solares y el fuerte calor.

Llegados a Anchuelo, tomamos el tramo de subida hacia Los Santos. Tres escalones de subida que consumen en condiciones normales, nos tocó hacerlo esta vez con muchos grados y ya como última subida del día, tras las tres ascensiones anteriores. Muy duro pero muy gratificante confirmar que nuestros cuerpos, a pesar del parón de las últimas semana siguen respondiendo incluso en condiciones complicadas.

Sin necesidad de parar, ya en Los Santos, iniciamos la bajada trepidante hacia Alcalá. Larga bajada de cerca de 6 km que hicimos en 10 minutos. Con las medidas de precaución habituales en este tramo, disfrutamos de lo lindo, llenando de adrenalina nuestros cuerpos. Una vez en el llano ya nos vino la pájara, que no es un ave rapaz, ni tampoco una chica de esas que tienen mala reputación. Es un agotamiento, un cansancio de esos que te hacen odiar el sitio y el lugar en el que te encuentras, y del que tan solo intentas salir vivo. Nos arrastramos hasta nuestras casas, haciendo Yoni el acompañamiento hasta el colegio Santo Tomás. Allí nos despedimos con intención de repetir salida la próxima semana, con el anhelo de enlazar dos semanas consecutivas, algo que antes era habitual y que en los últimos meses es casi imposible de realizar.

Gran jornada de bicicleta, con un calor de verano profundo, una ruta de las serias, con un desnivel de casi 700 metros distribuidos en cuatro subidas, y una compañía de lo más agradable. Hagamos que la vida sea maravillosa, o al menos, vamos a intentarlo con todas nuestras energías.

Promedio pulsaciones: 121
Máximo pulsaciones: 166
Promedio calorías consumidas: 651
Total calorías consumidas: 999
Tiempo In Zone (150-182): 0h30

Datos de la ruta:

Recorrido: Meco - Alcalá de Henares - El Zulema - Torrejón de Ardóz - El Viso - El Zulema - Parque Natural - Anchuelo - Los Santos de la Humosa - Alcalá de Henares - Meco.
Distancia: 72,70 km.
Tiempo efectivo: 3h56'
Tiempo total:  4h30' (8h30' - 13h00')
Promedio: 18,46 km/hora.
Desnivel: 680 metros.
Terreno: pista-asfalto (80-20) %.